De un videoclip a una serie: así nació Warrior Poet

Hay proyectos que nacen de una idea. Y hay otros que nacen de una obsesión.

Warrior Poet pertenece a los segundos.

Todo empezó hace más de diez años, cuando nos encargaron rodar un videoclip para el grupo Warrior Poet. Desde el principio tuvimos claro que no queríamos limitarnos a filmar a una banda tocando. Para nosotros, el audiovisual siempre ha sido una cuestión de historias.

Así que nos hicimos una pregunta:

¿Y si la canción no fuera el centro de la historia, sino la puerta de entrada a un mundo?

De ahí nació la primera versión de Warrior Poet.

Una distopía hecha con cintas

La idea tenía algo tan sencillo como extraño: imaginar un futuro en el que las cintas de música analógica se hubieran convertido en una droga.

En ese mundo, un chico transportaba clandestinamente esas cintas mientras era perseguido por una especie de policía. Para escapar, corría por tejados, saltaba entre edificios y utilizaba el parkour como única herramienta para sobrevivir.

Con los medios que teníamos entonces hicimos el videoclip. puedes verlo aquí

Era una producción pequeña, pero durante el rodaje ocurrió algo que cambiaría el destino del proyecto: nos dimos cuenta de que aquello no terminaba en un videoclip.

Habíamos encontrado el germen de una historia mucho más grande.

Guardamos la idea.

Y seguimos adelante con nuestras vidas.

Pero nunca conseguimos olvidarla.

Cuando el videoclip se convirtió en un universo

Años después recuperamos aquella historia y empezamos a preguntarnos qué podía ocurrir si llevábamos sus ideas hasta el límite.

Así nació el universo actual de Warrior Poet: una ucronía en la que la inteligencia artificial ha adquirido un poder enorme y la música ha sido prohibida.

En los márgenes de ese mundo sobreviven los riders, jóvenes que utilizan el parkour para transportar clandestinamente música desde las periferias hasta quienes todavía quieren escucharla.

Lo que empezó como una persecución por los tejados se convirtió en un universo narrativo con sus propias reglas, conflictos, personajes y mitología.

Y, sobre todo, en una historia que nos permitía hablar de algo que nos interesa especialmente: qué ocurre cuando una sociedad decide que algo tan humano como la música debe desaparecer.

De la idea al desarrollo

Con el tiempo, el proyecto empezó a llamar la atención en diferentes concursos y laboratorios de guion.

Hasta que en 2023 recibimos una llamada de la SGAE.

Warrior Poet había sido seleccionado, junto con otros cinco proyectos, para participar en el X Laboratorio de Creación de Series de Televisión de la Fundación SGAE.

Fue un punto de inflexión.

Durante varios meses trabajamos en profundidad el proyecto y, especialmente, el guion del primer episodio junto al guionista y tutor Ignasi Rubio.

El laboratorio nos obligó a hacer algo fundamental: dejar de pensar únicamente en la idea que teníamos en la cabeza y empezar a pensar en la serie que queríamos construir.

Qué mundo estábamos creando.

Qué personajes podían sostenerlo.

Qué historia queríamos contar durante varias temporadas.

Y, sobre todo, cómo convertir todo aquello en un proyecto capaz de viajar desde nuestra imaginación hasta una pantalla.

El primer pitch

Después llegó otro momento clave: Conecta Fiction & Entertainment.

Por primera vez tuvimos la oportunidad de poner Warrior Poet delante de profesionales de la industria y defender el proyecto en un pitch.

Fue mucho más que presentar una serie.

Fue escuchar preguntas que nunca nos habíamos hecho, descubrir nuevas perspectivas y comprobar qué elementos de Warrior Poet despertaban interés cuando el proyecto salía de nuestro círculo.

También fue una oportunidad para conocer a profesionales y establecer relaciones que, con el tiempo, han generado nuevas posibilidades para nosotros y para otros proyectos.

Desde entonces hemos seguido trabajando.

Hemos reescrito, desarrollado y afinado la serie. Hemos ampliado su universo y hemos aprendido a mirar el proyecto no solo desde la perspectiva de sus creadores, sino también desde la perspectiva de la industria.

Pero hay algo que no hemos cambiado:

seguimos creyendo que Warrior Poet tiene algo que contar.

Diez años después, la historia continúa

Más de una década después de aquel primer videoclip, Warrior Poet sigue avanzando.

Lo que comenzó con unas cintas de música, un grupo de chicos haciendo parkour y una persecución por las calles se ha transformado en un proyecto de serie con un universo propio.

Y este mismo año hemos dado un nuevo paso: Warrior Poet ha sido seleccionado para participar en un nuevo pitch dentro de Seriesland, en Bilbao.

Quizá lo más significativo de todo no sea haber llegado hasta aquí.

Quizá sea que, después de tantos años, seguimos teniendo ganas de contar esta historia.

Porque Warrior Poet nació como un videoclip, pero siempre hemos sentido que estaba destinada a ser algo más.

Tiene un universo que permite crecer, personajes capaces de evolucionar y una premisa que conecta con algunas de las grandes preguntas que plantea nuestro presente: el poder de la inteligencia artificial, el control de la información, la libertad creativa y qué ocurre cuando una sociedad pierde aquello que la hace humana.

Y también tiene algo que para nosotros es esencial:

una identidad propia.

Hay proyectos que funcionan porque llegan en el momento adecuado.

Y hay otros que sobreviven al tiempo porque tienen algo que decir.

Warrior Poet lleva más de diez años intentando demostrar que pertenece a los segundos.

Ahora buscamos a alguien que quiera ayudarnos a llevarla a la pantalla.

La historia empezó hace diez años.
Quizá ha llegado el momento de empezar a rodarla.

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